Ahora puedo pasar las tardes feliz como esos jóvenes que vi en Guam sentados a la entrada de un edificio. Charlaban mientras uno de ellos tocaba y yo quería esa felicidad tan simple. He querido esto desde hace tanto, desde Hawaii, desde Nellie McKay.
No ha pasado un día y ya puedo tocar tres canciones.
Soy inmensa pero inmensamente feliz.
[ Don palabras — La maldita vecindad ]

Delante del encerado
6 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy viernes, febrero 05, 2010 a las 11:25 a. m..Cuando se acabó la hora, se acercaron y me dijeron que los había hecho pensar de una manera en la que nunca lo habían hecho antes. Me dieron las gracias.
¿Realmente puedo hacer algo así?
¿Puedo hacer que alguien piense como nunca lo había hecho antes?
"You're gonna be a teacher!" canturreó mi jefa poco antes de abandonar el salón.
Si ese es el rumbo de la corriente, con gusto me dejaré llevar.
[ Le commun des mortels — Pomplamoose ]

Standing Ovation
11 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy viernes, enero 29, 2010 a las 6:15 p. m..No sé si haya mucho que decir sobre la presentación en sí. Canté "Sympathique", de Pink Martini, un poco más rápido que la versión original. Por el rabillo del ojo podía ver a mis compañeras siguiendo el ritmo con los pies y agitando la cabeza hacia los lados como los Beatles en sus inicios. No podía creerlo. No obstante, no hubo tiempo para digerir aquella visión: el salón se había desvanecido alrededor de la silla donde yo le arrancaba un par de acordes a esta amiga mía. Cuando terminé, el mundo se resquebrajó en el largo trueno de un aplauso acompañado del aullido de muchas bocas. Pocas veces se ve a los japoneses tan entusiasmados, en especial mi profesora que no paraba de alabarme. ¿Cómo saber que esta había sido una simple presentación de clase y no un minúsculo concierto? Volví a mi casa sin saber qué hacer conmigo tras este estallido de la más pura dicha.
Sin embargo, horas después me invadió una sensación de tristeza cuya causa me eludió hasta que me di cuenta de que hasta entonces no recordaba en absoluto la sensación de cantar frente a una audiencia, algo que me era bastante familiar hace años. Entonces me golpeó una horrible certeza: esta había sido la primera y última vez que hiciera algo tan satisfactorio, la primera y última vez que el campus de Tsukuba viera una sonrisa tan radiante en mi rostro. Ahora que el sol se ha puesto y las carrozas han vuelto a ser calabazas yo vuelvo a zurcir sueños en silencio. He recordado que lo que más me gusta hacer en la vida es cantar, pero ¿para qué? Mientras permanezca en este archipiélago, mi voz no volverá a salir del último apartamento del último piso de un edificio cualquiera en el barrio Kasuga.
[ Over the Valley — Pink Martini ]

No en agua de color, sino en el color.
(¿Quién iba a pensar que la esencia del horizonte es salada?)
Tocarse la frente y sentir cómo se deshace en gránulos de nácar y coral,
Tener el cuerpo hecho de masa de galleta,
Pies sinuosos despegando en volutas bajo los pececillos asustados.
Dormitar en la playa,
Ocasionar el ocaso terroso de la piel
Al arrullo de los suspiros del viento.
No decir, no hacer, olvidar el timbre de la propia voz.
No pensar.
No saber.
No creer.
Ser.
[ Earth Song — Michael Jackson ]


Nunca pensé que llegaría a este año con la facultad para empezarlo un poco al estilo de la película. Je. Me gusta mi vida.
[ Think Long — Mates of State ]
Etiquetas: fotografía, yorokobi

Pasaron tantas cosas, tantos lugares, tantas personas. Sonreí y quise y reviré y dije adiós. Desperté. Me liberé de las cadenas que me tenían dando vueltas en la cama, obsesionada hasta la furia con un rompecabezas de más de dos mil piezas de un cuadro de Mucha. Podé las partes de mi vida que me molestaban, saboreé el silencio y por primera vez no me supo amargo.
Del año quedan detalles esparcidos, trozos brillantes de espejos reflejando miles de colores. Una miga de tartaleta en el brazo del boticario. Mis pies al fondo del tibio mar de esmeralda en Waikiki. Un ave alzando vuelo desde la cúpula de la bomba atómica en Hiroshima. La voz de Ovidio susurrando mi nombre. Las luces extáticas iluminando entre rugidos a Alex Kapranos. El radiotelescopio al atardecer. El hallazgo a tientas de una moneda de Arhuaco. La fría oscuridad de la inconsciencia en el baño de mi apartamento. La mirada cansada de Minori. El cielo imposiblemente azul bajo el que abrí los ojos para hallar a Cavorite a mi lado.
Tintinean los fragmentos con el viento que los arrastra para dar paso a recuerdos nuevos. Ahora miro a través de la ventana: amanece. Los rayos anaranjados se explayan sobre un edificio en la distancia y me encandilan; es una mañana más de las que quisiera que él viera conmigo. Ya vendrá el momento.
Y ahora, 2010.
[ Close Your Eyes— Basement Jaxx ]
Etiquetas: apothecary, cavorite, hawaii, love or lack thereof, música, ovidio, radiotelescopio, reminiscencias, viajes, vietnam, yorokobi

Les yeux clos
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy lunes, diciembre 28, 2009 a las 3:59 p. m..Seguir. El radiotelescopio se convierte en una silueta recortada contra el horizonte encandilado. Recorro un camino sinuoso que nunca había visto antes, me pregunto si me perderé. No tengo miedo. Tal vez deseo perderme. Me muero por ver algo nuevo. Siempre tengo que estar viajando, adonde sea. Desaparezco en el ocre infinito de Ibaraki. Soy una versión abrigada de la cantante de MIA. en el bucólico video de "Uhlala", pero el paisaje se transforma abruptamente; se hace demasiado familiar, como uno de esos absurdos cambios de escenario que ocurren a menudo en mis sueños. No acabo de bordear una vieja pared de piedra tras la que me miran las ramas de un pino hecho escultura y ya estoy en una de las avenidas principales del pueblo.
Entonces me entero de que mi tienda de muebles favorita está a punto de cerrar. La recesión, me imagino. Wendy's también se va. Aprovecho la liquidación para comprar el juego de cortinas que me hacía falta (mi apartamento tiene más ventanas de lo normal), paso por el supermercado en busca de una bandeja de huevas de pescado y regreso a casa a ver cómo se encienden en coral los edificios aledaños y las escasas nubes para luego apagarse, sumidos en el frío monocromo.
Al parecer no hay mucha diferencia entre lo que veo con los ojos abiertos y cerrados. Tal vez por eso este es mi cuadro favorito de toda la vida.
[ Si — Gigliola Cinquetti ]
Etiquetas: bicicleta, maquinaciones nocturnas, radiotelescopio, tsukuba, yorokobi

Lo interesante de algo en apariencia tan sencillo es que solo hasta ahora tengo la sensación de que estoy haciendo algo que realmente me interesa. Cuando estudiaba en Los Andes estaba segura de que a la hora de la tesis escribiría cualquier cosa para salir del paso, terminaría con esa bendita carrera de una vez por todas y me dedicaría a alguna otra cosa. Al fin y al cabo, la frustración del sueño de escribir me había dejado sin nada más en qué pensar. Estuve a punto de cambiarme a Lenguajes y estudios socioculturales, convencida de que lo mío eran los estudios asiáticos, la traducción y la erradicación del manga y el anime como foco de las relaciones culturales Colombia-Japón. Pero entonces llegué acá y ¡c-c-c-crac-purrum-pum-pac-paPUM (es un derrumbe grande con crujidos)!
Cómo cambia todo, cómo cambia uno, ¡cómo es posible que haya tenido que recorrer medio planeta para encontrar exactamente lo que me interesa y darme cuenta de que no tiene nada que ver con nada que hubiera siquiera imaginado mientras vivía en Bogotá! He pasado por todo tipo de dudas. He querido huir a la fotografía, a la ilustración, a Honolulu. He enloquecido y pasado días enteros mirando cómo cambia el azul del cielo, la mente en blanco y el camino brumoso. Y de repente... todo está ahí, brillante y hermoso, esperándome.
No será fácil. Mis profesores dicen que dada la magnitud de mi idea, puede ser hasta prometedora—si es que logro desarrollarla. Tengo un año a partir de ahora para convertir las lágrimas en ámbar... o en vinagre para ensalada, al menos.
[ Sleep — Anja Garbarek ]

自転車なしでの出会い
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy viernes, noviembre 20, 2009 a las 7:49 a. m..El viernes pasado, saliendo de la alcaldía de Tsukuba, mi fiel vehículo decidió protestar y dejarme abandonada a mi suerte en medio del campo. Después de comprobar que no podía hacer nada al respecto —al menos no ahí en falda—, empecé a dar mis primeros pasos resignados cuando sonó el teléfono. Era el señor Sakaguchi, que quería invitarme a comer ("me encantaría acompañarte en tu caminata, pero debo ir a clase", dijo). Nada mal para un chasco de este tamaño. Como ando tan de buen humor últimamente, no me disgustó en absoluto el paseo de hora y media que me tocó hacer entre bosques y sembradíos. Como si fuera poco, a la entrada del casco urbano me detuve en un almacén de muebles y compré un juego nuevo de cortinas, un par de cojines y dos cómodas...
Miren, acabo de usar la palabra "cómoda" que tanto salía en los libros que leía cuando era niña. Siempre me ha parecido interesante porque nunca he oído a nadie decirla. Si en persona me preguntaran por las cómodas, yo hablaría de los "muebles de cajones". Ya sé. Seré la primera persona en decirla. Alguien por favor llámeme y pregúnteme por mis muebles nuevos.
¿En qué iba? Ah, sí. Compré todo eso en un repentino afán de mejorar ostensiblemente mis condiciones de vida, misión que había venido aplazando indefinidamente por el excesivo amor que les tengo a las cajas de cartón. En fin. Volví a casa un poco adolorida de los pies (acuérdenme de usar tenis y nada más que tenis en la vida), pero igual de dichosa que... que todos estos días. [ inserte sonrisa estúpida aquí ]
Pues bien, desde entonces me he estado topando con el señor Sakaguchi en todas partes. Saliendo del Media Center tras escanear una ilustración, a la entrada de la biblioteca con Azuma mientras esperaba a Hazuki... Anoche andaba en mi pequeño mundo rumbo al combini cuando una bicicleta me cerró el paso: era él, otra vez. En vista de tanta coincidencia, finalmente hicimos lo que deben hacer las personas que se encuentran en todas partes: cenar juntos. Ya me estoy cansando de llamarlo el señor Sakaguchi, siendo Sakaguchi un apellido tan común y teniendo él un nombre tan sonoro. Se llama Masayasu.
[ Hail Mary — Pomplamoose ]
Etiquetas: azuma, bicicleta, chasco, hazuki, masayasu, tsukuba, yorokobi

[ 3x5 — John Mayer ]
Etiquetas: love or lack thereof, yorokobi

暗闇、モン・アムール
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy jueves, septiembre 10, 2009 a las 10:09 p. m..Cruzar un bosque—el mismo que ayer por sus bordes dejara entrever a un estudiante colgando su ropa en el balcón, uno solo como tantos solos en sus cajitas. Nadie existe ahora; todos se han convertido en parches de luz ahogada sobre las fachadas indistinguibles.
Seguir el cauce de estos tétricos ríos de sumi desprovistos de piedras bajo la luna que se diluye en el silencio como una pastilla efervescente. Alguna vez sentí terror en medio de este paisaje de Calisto. Hoy, sin embargo, este produce en mí una inexplicable sensación de completud, la más pura de las dichas.
[ Heart Condition — Let's Go Sailing ]

Parlez-moi
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy viernes, septiembre 04, 2009 a las 5:40 p. m..—¿Vas a clase de francés?—me preguntó en inglés. Sin miedo.
—Sí.
—Yo también. Vamos juntas.
(Tres hurras por mí que no recuerdo a mis propios compañeros de clase.)
Mientras esperábamos el ascensor se me ocurrió preguntarle qué tal estuvieron sus vacaciones, esperando a lo sumo un monosílabo y una cara de bochorno. Sin embargo...
—Bien. ¿Y las tuyas?
—Excelentes.
—¿Regresaste a tu país?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo?
—Mes y medio.
—Oh, ¡casi todas las vacaciones!
Abordamos el ascensor. Yo aún mantenía la expectativa del silencio avergonzado. Pero entonces,...
—¿Cuánto tiempo tarda ir de aquí a... Colombia es que es?
Estupor.
—Sí. Colombia. Unas veinte horas.
Estaba convencida de que el intercambio llegaría hasta ahí. En serio, ya era demasiado. Pero no, no, la niña siguió mis pasos largos para sentarse al lado mío en clase. Esto era apoteósico. Y como si fuera poco—esto sigue y sigue—me propuso que hiciéramos un dúo para la presentación en francés que tenemos de tarea este trimestre (yo tenía planeado cantar sola). Al final quedé con sus datos de contacto y una sensación de qué-rayos-pasa-aquí, la cual podría haberse disipado rápido de no ser porque tras la clase una amiga de esas de saludar y despedirse decidió contarme detalles de su vida privada y me hizo consultorio sentimental. Una japonesa. A mí.
Tomo aire y hago un contraste entre el día de hoy y el miércoles, cuando vi a una estudiante de arte esconder la cabeza entre el hombro cual paloma perchada al oírme preguntarle algo para un ejercicio en grupo en mi primera clase de fotografía. Al otro lado de la mesa se encontraba sentada Azuma, lidiando con el mismo problema de fantasmagoría, tal como lo ha venido haciendo desde que nos enviaron a este lugar a mejorarnos de la pensadera. Ahí estábamos, reducidas a espejismos horríficos. Entonces me di cuenta de lo privilegiada que soy al pertenecer a Culturas Comparadas, y los sucesos de hoy me convencen aún más de ello. La facultad de arte es, indudablemente, un habitáculo para bloques de hielo.
[ Rien que nous au monde — La Grande Sophie ]

El universo isotrópico y homogéneo
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy jueves, agosto 06, 2009 a las 7:13 a. m..Podría decir que le prometí que no escribiría mis observaciones sobre él, las escasas que le di frente al hotel en Medellín esa tarde, las que se fueron acumulando con el pasar de los días. No escribiría sobre cómo frunce los labios cuando se ríe, como tratando de contener el estruendo, o sobre cómo en mi mente él siempre tiene esa barba rala que me encantaba acariciar mientras él cerraba los ojos. No escribiría que temo olvidar el sonido de su voz.
Decir que estallábamos en carcajadas que eran como bandadas de palomas asustadas, que me habría gustado tomarle muchas más fotos—¡aún a sabiendas de que su mirada profunda nunca quedó perfectamente replicada en pixeles!—, que se burlaba de mi elección de vocabulario al hablar, que me quedé embelesada viendo con un solo ojo la instalación de su presencia solitaria en una galería vacía del Museo de Antioquia.
Pero nada de eso saldrá de mi boca. En silencio (aunque sonrientes) hemos retornado a nuestras respectivas galaxias distantes, luces antiquísimas que él entiende y yo solo atino a imaginar. Tal vez un día el radiotelescopio a la salida de mi barrio en Tsukuba capte una señal que me motive a soñar con un párrafo nuevo después de este punto final.
[ Hu Hu Hu — Natalia Lafourcade ]
Etiquetas: love or lack thereof, medellín, ovidio, tsukuba, viajes, yorokobi

Go Ask Alice
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy viernes, mayo 01, 2009 a las 9:19 p. m..A la hora en que nuestros rostros se tornaron oscuros y anaranjados y una mariquita se posó en una larga brizna de hierba violácea, el señor Sakaguchi aceptó nuestra invitación a comer sushi junto a Yin y dos estudiantes de intercambio norteamericanas. De repente era de noche, y seis personas apretadas cerca de la banda transportadora llenaban una mesa de torres de platos y conversaciones conectadas como piezas de rompecabezas que no encajan pero igual se mantienen pegadas. Feliz no cumpleaños para todos, ¿más té verde? Prawns, prawns, prawns.
El señor Sakaguchi llevó a Azuma en la parte de atrás de su bicicleta hacia nuestra siguiente parada: el karaoke del barrio. Nos desgañitamos hasta que el cielo se volvió un tapiz azul verdoso salpicado de planetas y nos mandaron para nuestras casas. Nadie tenía sueño, ni siquiera estábamos cansados. "Nights in White Satin" no tenía por qué ser mi última canción. Podríamos haber seguido—todo el pueblo parecía continuar, había luces prendidas por toda la calle.
Mi logro personal de la velada fue haber cantado "White Rabbit" de Jefferson Airplane sin reventar mis cuerdas vocales ni los tímpanos de la audiencia. Viene bien sentirse Grace Slick de cuando en cuando, en especial cuando los días andan tan surreales.
[ Crown of Creation — Jefferson Airplane ]


El boletín de Tsukuba
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy miércoles, abril 15, 2009 a las 10:48 a. m..La institución de nuevo personal en el equipo editorial del boletín se refleja en los cambios hechos al diseño de página, siendo el más notable la abolición de la fuente Comic Sans. Las nuevas editoras han asumido el cargo con entusiasmo e infinita paciencia para con Microsoft Word, en vista de las limitaciones tecnológicas propias de las alcaldías locales.
Olavia Kite se declara feliz, tanto con su nuevo empleo como con su compañera de equipo. La misma seriedad que las caracterizó en su travesía por Vietnam el año pasado se verá en la inclusión de nombres de organizadores de eventos en chistes internos (caso del famoso Sr. Ganbaator de Mongolia) y de autorretratos hechos en Paint en sus notas editoriales.
[ Landslide — Fleetwood Mac ]

Le courrier est arrivé!
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy miércoles, abril 08, 2009 a las 9:51 a. m..
Vaya, vaya. Algo me dice que tendré que ir a darle las gracias personalmente al remitente de tan pasmoso y bien pensado regalo. Die Frage ist nicht ob, sondern wann?
[ The Last Trick — Anja Garbarek ]
Etiquetas: estudios de género, feminismo, ovidio, yorokobi

No puedo trazar con exactitud las circunstancias que me habían llevado a una playa cuyo nombre me gustaba ver escrito en letras fluorescentes estampadas en la camiseta de un tío mío cuando tenía cuatro años. Magnum, p.i., The Baby Sitters Club, Kamakura, un viaje fallido a Barcelona. Y sin embargo, ahí estaba. Mi yo del presente jamás habría podido convencer a mi yo del pasado de que aquel punto en la mitad del Pacífico sería conquistado, ni tan siquiera entregándole como prueba la plumeria mustia que llevé sobre la oreja derecha mientras esperaba el bus a Hanauma Bay.
Fue entonces, en la soledad de aquel trozo de océano, que lo supe con claridad: había llegado adonde quería, exactamente adonde quería. ¿Qué importaban los días de infinito aburrimiento que habían precedido a este? ¿Qué importaban los silencios y las lágrimas? El camino había sido recorrido por mí y solo por mí, cada bache, cada ápice. De nadie dependía esta felicidad absoluta más que de mí misma.
La marea talló en mi rostro una sonrisa amplia que nadie habría de ver. Deseosa de saber qué más me depararía el mundo en los años por venir, vadeé a tierra y volví a tumbarme sobre la estera.
[ Over & Over — Moloko ]
Etiquetas: estados unidos, hawaii, reminiscencias, viajes, yorokobi

不思議な秋休み
0 comentarios Otro delirio de Olavia Kite, hoy domingo, diciembre 02, 2007 a las 10:48 p. m..Kobe, Osaka, Kyoto, el ánimo matutino, el mar, el recuerdo de las geishas como espejismos sobre las callejuelas de Gion.
El lago Biwa en Shiga, donde uno pensaría que no hay nada digno de ser visto. El silencio.
Gifu, gris y desteñida, en donde realmente no hay nada digno de ser visto.
Aichi pasa en un abrir y cerrar de ojos. La región Kansai se apaga de golpe y las conversaciones ajenas se hacen discernibles.
A un lado el monte Fuji y al otro el mar en Shizuoka. Belleza infinita en una región interminable.
Kanagawa es la promesa desesperada de llegada al hogar.
Tokio es un alivio, un milagro, el año 2040. Este viaje no sucedió; yo vengo de la estación de Kanda.
Chiba, Saitama, Ibaraki: un niño pide explicaciones de su padre mientras yo duermo en el bus.
Mi aliento condensando no es suficiente para convencerme de que estoy de regreso en Ibaraki.
Mi viaje a Kansai se acabó. La realidad es Tsukuba; mis amigos en Kobe y Osaka y las geishas furtivas se han disuelto en mi cabeza como el mar dorado que vi en mis sueños cuando ya había anochecido en Shizuoka.
Necesito dormir. Tal vez cuando cierre los ojos reaparezcan las postales intangibles de este día y esta semana cuyos sucesos aún no soy capaz de digerir.
[ Polovtsian Dances — Alexander Borodin ]


